¿CUÁNTO VALE UNA ABEJA?

Sonia Castañeda, Ramon Folch y Martí Boada debaten sobre el valor de la biodiversidad y la necesidad de que las empresas incorporen los activos ambientales en sus cuentas de resultados

 

 

¿Cuánto vale una abeja?
Ramon Folch, Sonia Castañeda, Isidre Fainé, Martí Boada y Jaume Giró, antes de iniciarse el debate (Àlex Garcia)

 

 

, Barcelona

No hace mucho tiempo, se reunieron unos científicos e hicieron una encuesta entre ellos para determinar cuál era la especie viva más valiosa del planeta; es decir, aquella que resulta clave para la propia existencia humana. Y consideraron que esa especie era la abeja. “Sin las abejas, en cuatro días desaparecería el hombre, y sin ellas, en 10 días desaparecería la vida”. Así lo expresó Sonia Castañeda, directora de la Fundación Biodiversidad, ante un impresionado auditorio de hombres negocios y las finanzas reunidos en un concurridísimo debate organizado por el Cercle Financer de la Societat Econòmica d’Amics del País bajo el título: “La Cuarta Revolución Industrial y el Cambio Climático.

En su intento de ilustrar la importancia que tiene la biodiversidad –y en este caso, la polinización-, Castañeda abundó en los datos de matriz económica, y casi sindical. “Si las abejas estuvieran de huelga se dejarían de efectuar servicios de polinización valorados en 250.000 millones de euros al año”. Es como si cada año las abejas nos regalaran a cada uno de nosotros 35 euros. Si nos pican, ya lo sabemos. Sarna con gusto no duele, debieron pensar algunos de los presentes en la sala de actos de “la Caixa” en Barcelona.

Castañeda quiso destacar así el enorme valor que aportan los servicios ambientales, una economía invisible que empezó a salir a la escena pública cuando el profesor Nicholas Stern reveló en 2006 que la inacción frente al cambio climático resulta mucho más cara que actuar para mitigar los efectos de calentamiento y trabajar para adaptarse a este fenómeno.

El valor natural de los polinizadores, de los manglares o de los corales ha empezado a ser reconocido en algunas estrategias empresariales, enfocadas en la respuesta filantrópica (o la responsabilidad social corporativa), la fabricación de productos respetuosos con la naturaleza (“este café restaura los ecosistema”) o, incluso, ideados para “dejar la Naturaleza mejor de lo que estaba” o diseñados para copiarla miméticamente.

Abejas
Abejas (proxyminder / Getty Images) 

 

La necesidad de conservar la naturaleza no es un capricho. A fin de cuentas los 7.000 millones de personas de planeta necesitan la Naturaleza; pero la naturaleza no nos necesita a nosotros. El 40% de la economía depende de que los ecosistemas estén sanos y eso afecta a todas la activdades (la pesca, la silvicultura, la farmacia…), destacó la directora de la Fundación Biodiversidad.

Activos ambientales

El profesor Ramon Folch dio cuenta de algunas de los últimos datos sobre el impacto del cambio climático en Catalunya y alertó sobre el “inquietante escenario económico” que supone la pérdida de recursos hídricos, lo que comporta riesgos sobre los abastecimientos, la industria o los riegos agrícolas. Para Folch, hoy consejero de Aigües de Barcelona, la “economía circular” es más que una mera palabra; es la nueva manera de denominar “esa necesidad de hacer que la economía sea compatible con las disponibilidades de planeta” y de ajustarse a sus límites.

Ya no es posible dejar al margen la valoración de los activos de la naturaleza en la contabilidad de las empresas (incluyendo también sus pasivos ambientales) porque si no “no se refleja una verdadera cuenta de resultados”. Y esto, dijo, “no es un alegato ecologista, sino rigor contable”. Por eso, alertó de dos riesgos: el de externalizar y transferir los problemas ambientales a futuras generaciones, o externalizarlos en el espacio, es decir, alejándolos cada vez más de nuestra vista. Se requiere, pues una economía que incorpore todos los costes ambientales, sin confiar en que la tecnología lo arreglará todo, porque puede ser una mera “terapia ortopédica”, una mala concepción de la economía.

Albabetización ambiental, lo primero

El profesor Martí Boada (geógrafo, profesor de la UAB) coincidió en estas opiniones pero expresó su convencimiento de que previamente es necesario acabar con el “verdaderismo” ambiental, esa exclusión o entorpecimiento que desconoce que los problemas requieren soluciones aportadas y asumidas por todos los sectores. También opinó que se requiere ahondar en la alfabetización ecológica de la ciudadanía y hacer frente a una crisis de nuestra civilización sin dejarse arrastrar por una visión apocalíptica y paralizante.

El acto fue moderado por Tomàs Molina y presentado por Jaume Giró, director general de la Fundación “la Caixa”, quien introdujo algunos de los elementos del debate y abogó por mantener una “relación respetuosa” con nuestro entorno, envuelta en los valores de la urbanidad, el civismo y la educación… Hay diversas maneras de aproximarse al cuidado del medio ambiente: considerar que nuestro modelo es insostenible, apelar a una “ética orientada hacia el prójimo” o centrada en la biosfera, pero apeló a un respeto sin adjetivos. “No malgastar, no maltratar, no derrochar, no ensuciar, no consumir innecesariamente…”, fueron algunas de las recomendaciones que fue desgranando.

Las abejas, seguramente, serán las primeras en agradecerlo.

Noticia extreta de: http://www.lavanguardia.com/natural/20171113/432873248362/castaneda-folch-boada.html

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